El viernes no dormí mucho, estaba bien cansada pero aún así fui a un asado minimalista a las 6 de la tarde. Yo sé que es bien pronto, pero aquí comienzan a veces a esa hora. Bueno, digo lo de asado minimalista porque me imagino los asados como las barbacoas en casa de Rayi: mucha grasa, mucho pan y mucho alcohol; pocos condimentos, sólo sal; la gente comiendo con la mano y con una película de grasa alrededor de la boca; lanzamientos esporádicos a la piscina de cualquiera de los asistentes, haciendo una bomba y expulsando mucha agua de la piscina; gritos de guerra y pachanga. Bueno, aquí era más bien como un departamento de una de las zonas pijas de Santiago, pequeño y bien decorado; había una parrillita eléctrica donde se asaba carne de cerdo sazonada con una salsa de eneldo, tomillo, balsámico y mostaza; fumábamos sólo en la terraza, sacando el humo por la ventana. En un momento dado Luci y yo nos dimos cuenta de que había un piano que podíamos tocar y comenzamos a tocar la canción esta que se sabe todo el mundo, en la que sólo tocas con las teclas negras y parece la banda sonora de una película muda. Luego sacamos la guitarra y ahí intentamos tocar alguna canción, pero el clima no era el de las comidas con la familia española, en las que cantamos hasta la madrugada. Luego empezamos a hablar todos de economía y política, y ahí supimos que teníamos que dejar de beber y salir de la casa cuanto antes.
Llegamos a la fiesta que yo quería ir. Era el cumpleaños de un amigo reciente con el que ahora voy a clases de salsa. Este amigo lo conocí porque cuando estuve buscando casa vi una en la que casi me quedo. La verdad es que era casi seguro pero tuve una intuición y esperé un día más. Encontré en ese día la casa en la que estoy ahora, que es mucho mejor. Pero de todas maneras nos caímos muy bien cuando nos conocimos y ahí me invitaron al cumple de uno de ellos. Era un estudio de fotografía subterráneo y muy grande en Bellavista. Había como unos vídeos muy extraños proyectados en la pared, a modo de performance, y estaba lleno de amigos suyos, muchos diseñadores y artistas. Yo hablé con un piloto que me dijo que si íbamos a Valparaíso en avión, que él le sobraban horas de vuelo y podíamos ir unos cuantos. Y bueno, ahí anduvimos bailando y haciendo el tonto con ellos y con los del curso de la CEPAL. Después nos fuimos al Clandestino a bailar. ¡¡¡Ese sitio es genial!!! ¡¡¡Ponen la mejor música del mundo!!! Es una mezcla de cumbia con un montón de cosas: reggae, hip hop, rock, música de los balcanes... Cada vez que suena una nueva canción todo el mundo se emociona: se miran, gritan uuuuuu!!!! y levantan los brazos saltando
Pues estuvimos bailando ahí hasta las 6 de la mañana. Luego conocimos a unos chicos que eran profesores de la universidad. Uno de filosofía, otro de historia y otro de sociología, que trabajan juntos en un estudio de exclusión social. Estuvimos tomando cerveza con ellos y nos caímos genial. A mi me encantó porque fumaban tabaco de liar, y es la primera vez que lo veía aquí.
Me levanté a las 6 de la tarde. Tenía el cumpleaños de Cristian (el que administra la casa, que es argentino, por cierto... no chileno) que fue una cena de 12 personas. Yo invité a Fabi para que conociera a mis compañeros y mi casa. Cenamos muuy rico, y después nos quedamos hablando hasta las 8 de la mañana. No todos aguantamos hasta el final, sólo Fabi, yo y Simon (un francés que vive en la habitación de al lado de la cocina y casi no habla español, entonces hablábamos en los tres idiomas que podíamos).
Y ahora me preparo para ir a la fiesta peruana con Luci. Pero quizás es mejor que me quede en casa descansando. No sé.. Estoy harta de salir con este frío. Ya casi 9 meses de invierno me pesan. Y en realidad tengo todo lo que necesito aquí en la casa... Sobre todo una cosa... algo que llevo esperando sin saberlo dieciséis años. Algo que me dio fuerzas en los momentos difíciles y endulzó aún más los alegres. Desde niña no lo comía y ahora siempre tengo en la despensa:
¡¡GANSITOS!!

(dando golpes en la mesa): mail, mail, mail, mail...
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